La evolución de la mente humana y sus consecuencias Jordi Agustí› Enric Bufill Soler› Marina Mosquera Martínez
En la investigación sobre el origen de nuestra mente están hoy involucradas un gran número de disciplinas, que incluyen la paleoantropología, la paleoecología humana, la arqueología prehistórica, la primatología, la etología, la neurociencia cognitiva y la genómica. La cuestión del origen de la mente humana, por tanto, sólo puede ser abordada desde un enfoque pluridisciplinar.

Aparentemente para algunos o quizás para muchos, no hay pensamiento más ocioso que establecer una relación física y matemática entre el tamaño del mundo y el de las redes sociales. Cuanto mayor sea la sociedad conectada, mayor será la percepción sobre el tamaño que tenemos del mundo. La sociedad conectada ha hecho que el mundo sea más pequeño y el número de conexiones entre personas mucho mayor. Esta simple hipótesis, no puede pasar desapercibida, trastoca todos los conceptos anaquelados por las ciencias sociales y del comportamiento humano durante décadas y revoluciona algún que otro discurso marginal.

El enunciado es el siguiente: ‘A medida que el universo social se expande como sociedad conectada la distancia en grados entre personas se acorta’ Volvemos a la tribu minimalista del número de Dunbar de la mano de papá McLuhan y su aldea mundial; como hijos pródigos volvemos a casa.

“La hipótesis conocida como ley de los seis grados nos dice que la distancia entre dos personas en el mundo off-line o vertical es de seis grados de separación. Pues bien, según un estudio más reciente sobre las redes sociales, la separación promedio entre dos personas en la red es de solamente 4,47 grados… y en países más avanzados como Estados Unidos, Suecia o Italia, baja hasta los 3,74. Ese “acercamiento o acortamiento” de las personas en el mundo on-line es debido a la sociedad conectada.

El concepto de supeconciencia como producto de la sociedad conectada no es una magnitud racional ni estructura algebraica perteneciente al mundo vertical, material y real. Lo virtual como masa y supeconciencia es una entelequia, supera al concepto de masa en sí y pasa a ser masa para sí. La categoría sociológica de masa como ‘debilitamiento de los vínculos tradicionales y debilitamiento del tejido conectivo de la sociedad y de aislamiento y alineación de las masas’ pertenece a los números naturales y predecibles. La sociedad virtualizada solo es explicable en el campo de las magnitudes cuánticas donde se resuelven los paradigmas y las paradojas. ‘Blog de Manuel Ponte’.

Los herederos del Homo Sapiens una vez más nos enfrentamos a los números imposibles, en ellos ya no podemos ser reconocidos, han caducado. El todo poderoso espejo de la humanidad donde nos veíamos todos como en el cuento de hermanos Grimm, ha desaparecido, engullido por la sociedad conectada. Los noventa grados de verticalidad como modelo de sociedad y la escala humana progresiva han saltado por los aires, así como su relación con el valor tiempo y espacio físico.

Otra de las paradojas de la humanidad binaria es ‘el atajo’ y el concepto de aceleración tomado por la evolución de la inteligencia humana. La ruptura del modelo matemático basado en la creencia romántica de que el desarrollo debe girar en torno a las personas, se ha roto, era un modelo basado en deseos irracionales, lastrados. Esta visión del humanismo vertical está siendo aceleradamente cambiada por un modelo inverso y realista de construcción binaria. La tecnología como ‘extensiones del cuerpo humano’ o como servidores de humanidad virtual.

Lo sorprendente, o no, es el uso y la fuerza de penetración que ejercen las redes sociales (socavando) todos los grupos de edad de la sociedad vertical a partir de los 12 años y más allá de los 60, tanto en hombres, como en mujeres. Es la fuerza evolutiva de “C generation” de los web-actores y del avatar de la nueva humanidad binaria (los seres conectados) que va más allá de los grupos de edad, escalas y estratos sociales. La C generation se ha convertido en el gran desguazadero de humanidad vertical. (…)

El analista tecnológico de la sociedad conectada, Jorge Juan Fernández nos lo cuenta: “…Lo comenté hace años en uno de mis textos, parafraseando una observación de Keith Devlin: si a un hombre de la Edad del Hierro le preguntáramos qué es el hierro, no entendería la pregunta “¿qué es?”, pues para él ese metal es una experiencia manifestada en forma de útiles, y en absoluto una realización de un elemento químico de tales o cuales características. De la misma manera, si a un humano de nuestra generación le preguntamos “¿qué es la información?”, lo normal es que responda desde su experiencia de uso, viendo la información como algo que utiliza cada día, en múltiples formas, sin que hacer esa pregunta le aporte un valor complementario.” Extraído del libro de: Jorge Juan Fernández. (Más allá de Google) (…)

Esta cita me sirve para ilustrar el por qué los homínidos verticales tenemos la capacidad para conceptualizar y relativizar todo pensamiento que no funcione con nuestra lógica funcional sistemica. Y para ello nos valemos de un arsenal de ejemplos tipo tubérculo. Pensamos que al igual que una patata; existen ideas universales que pude ser arrancada de cuajo de una plantación y sembradas de nuevo en otro lugar y seguir creciendo y reproducción su modus vivendi.

“La tentación intelectual vive arriba” y no es rubia. No podemos ir por la sociedad conectada con el modulo marciano ‘Curiosity de la NASA’. En busca de cosas que se parezcan a todo lo que ya conocemos. Es un llamado atávico y un intento más de reproducir en todo tiempo lugar y espacio, la conciencia de nuestra sociedad como humanidad, en su afán desesperado por no fallecer.

Incapaz de competir y de buscar lo que no conoce, busca clonar aparearse en forma de conciencia. La pregunta hecha a un hombre de la edad de Hierro sobre que es el Hierro, es por lo menos temeraria, ideológica e incapaz de deslastrarse de la escombrera vertical. Existe el refrán castellano de ‘Adonde fueres haz lo que vieres’ no olvidar este refrán en vuestras bitácoras por su utilidad binaria y de botiquín de primeros auxilios. (…)

Ley de Malthus de la información: La oferta de información crece exponencialmente mientras que su consumo se incrementa linealmente, debido a que nuestro ancho de banda mental para procesar la información, y nuestro tiempo, son ‘limitados’. Texto extraído del libro: “Más Allá de Google” de Jorge Juan Fernández.

Para un antropólogo clásico, realmente esto siempre ha sido así en la historia de la humanidad vertical. No es nada nuevo bajo el sol ni para la sociedad de nuestros ancestros los Homo Habilis del Pleistoceno. La sociedad de la información siempre ha existido y somos producto de ella. El Homo Sapien progreso a través de ella. El que hoy vivamos con euforia la libre circulación de la información pertenece a algo mucho más complejo. La forma inédita que ha tomado la información como realidad virtual, obliga a otro discurso más científico y por lo menos más original.

Llamar a la sociedad actual sociedad de la información no tiene sentido. Realmente el hombre no ha conocido otra realidad desde los confines de la historia de la humanidad. Las sociedades primitivas ya eran de la información y ha permitido en el pasado progresar a los homínidos superiores. Conceptualizar como sociedad de la información a la sociedad conectada, es llamar peces a las personas que se bañan en una playa. (…)

Para la sociedad conectada la información crece horizontalmente de forma exponencial y distribuida socialmente. Se parte de magnitudes exponenciales y linéales atípicas por su naturaleza virtual. Ya que la información crece aritméticamente y se almacena y crece geométricamente, que no es lo mismo.

Valores estos y magnitudes estas, idénticas tanto si estamos ablando de cyber-sociedad o si estamos hablando del cerebro humano. Ambas son formas idénticas y binarias de almacenamiento de la información. A partir de un cierto umbral conocido como la sociedad conectada, podemos hablar de dicho enunciado. La wikipedia en un intento de aproximación nos dice: “…En realidad, la sociedad de la información no existe más que en la imaginación de los utópicos tecnológicos” y/o los activistas ciberutópicos, para mayores señas a sus legiones de seguidores o acólitos (…) (Artículo del Blog de Manuel Eduardo Ponte).

(…)

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