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Cada vez que se escribe o se habla de nueva historia sobre los inicios y prolegómenos de un invento, o modelo de negocio tecnológico exitoso en la sociedad conectada. Se cumplen Siete leyes conocidas y fabuladas ¡hasta ahora! Primera ley: Todo innovador de éxito tiene un origen pobre o pertenecer a la clase media, y no esta emancipado de sus padres. Segunda ley: Condición necesaria de un innovador, disponer de un sótano, o un garaje o residencia universitaria (el entorno nativo). Tercera ley: Tener compañeros de estudio como socios. Lo que aumenta la probabilidad de éxito de un nativo innovador. Cuarta ley: Factor sorpresa. El resultado del invento e innovación debe ser accidental, por necesidad imperiosa, diferente a lo buscado. Quinta ley: El objetivo del invento es para divertirse entre amigos, lejos de la idea de negocio. Sesta ley: No haber terminado, en algunos casos, los estudios superiores, y no hablar más idiomas que el inglés. Séptima ley: La aparición de un mecenas en la historia. El ángel inversor, las hadas de la cenicienta. Advertencia: Si usted no reúne estos requisitos, por favor no lo intente. Porque hay creencias estúpidas que hay que obedecer (OBEY)

Queda demostrado, por ahora, que la persecución de un objetivo final idealizado lleva al fracaso. Si creemos en las leyes de factor chapuza (Tinkerer Factor) entonces podemos entender, ‘que no entendemos nada’, esta sería la conclusión lógica y objetiva sujeta a la investigación formal, al pensamiento purista y exquisito de las ciencias de la escuela de negocios, o a la parodia más descarnada. Algo se nos escapa indefectiblemente al conocimiento y al sentido común, tan reivindicativo en todo manual de negocios. También podría ser una Octava ley del éxito la ausencia de experiencia de los innovadores (fase beta). Todas ellas contradicen cualquier retórica protagonista hasta ahora de las prestigiosas escuelas de empresa. Todas ellas orientadas al formalismo vertical, a la reproducción objetivada y refuerzo de un modelo de negocio agotado.

El perfil idealizado del innovador tradicional, especie de grabado a buril o retrato a plumilla de ‘Benjamin Franklin’. Es una reproducción, quizás un reflejo aparente de una realidad vertical que funcionó muy bien en entornos industriales predigitales. La nueva realidad ya no encuentra su reflejo en la continuidad de la historia vertical del innovador industrial. La ruptura epistemológica con el modelo y con el retrato, tiene desorientado, quizás paralizado y con afasia mental a los teóricos continuistas.

La vieja humanidad ya había pasado antes por estos peages. El más conocido fue el trauma dialéctico entre dogmáticos y teóricos defensores del viejo y nuevo orden emergente, Geocentrismo vs. Heliocentrismo. Siempre que se cuenta una historia del pasado se habla de la caída de una civilización, de un imperio. Tenemos que plantearnos por necesidad la tercera vía alternativa al movimiento. La humanidad virtual fuera de cualquier eje histórico y representativo del orden natural.

El éxito de un modelo de negocio, ya no depende de un eje formal y centralizado en el método; es más bien un ‘constructo’ de difícil asimilación para los no nativos digitales, depende más de las emociones, la inteligencia y la creatividad. Está más cerca de las emociones y la horizontalidad que del método heliocéntrico de la verdad y las reglas fijas.

El hombre renacentista, iluminado, o enciclopédico. Ya no se le espera, es un ser devaluado, incapaz de producir valor añadido a la sociedad conectada. Se abre un nuevo storage de seres desconectados, piezas de un modelo obsoleto, descontinuado en espera de su desguace. Se impone el conocimiento en ‘fase beta’ el conocimiento versionado, capaz de ser ‘linkeado’ y enganchado (engaged) horizontalmente a la sociedad conectada, la sociedad de las emociones compartidas y distribuidas.

El conocimiento personal almacenado, es un “conocimiento inútil” parafraseando el título de un libro de Revel. El conocimiento así atesorado no es ya útil para nadie, y se pierde con la muerte. Es arrastrado hasta la tumba en su decadente final. Sin beneficiar a nadie, salvo al ego. La mente virgen cobra relevancia y valor de uso con funciones modulares nativas mínimas para la conectividad total, es una mente virtual amigable, útil como ‘nodo’ recetor y conductor horizontal del conocimiento y las emociones, en entornos virtuales. La información y el conocimiento con acceso disponible a la nube. “The enchantment factor and the likeability factor / Huellas del humano binario”.

El desafío aquí planteado, a las escuelas de negocios y empresa, y al marketing en general. Es saber interpretar las señales que emanan en tropel de la sociedad conectada y virtual. El desiderátum, está en obedecer (OBEY) el mandato derivado de la nueva evolución, o bien perecer por deficiencia o por exceso de información inútil.

(*) El Chapucero (a veces conocido como el Terrible Chapucero) es un personaje ficticio, un supervillano que aparece en los cómics de Marvel Comics. El personaje tiene un don casi sobrehumano de genio en ingeniería, capaz de inventar gadgets sofisticados de nada más que piezas de repuesto que quedaron de aparatos domésticos ordinarios. (Wikipedia)

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Un comentario en “Las siete leyes del *Tinkerer factor

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